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Lazos Rotos

Apuntes para una guerrilla cultural.

Grupos alternativos / Voz Rebelde.- (Artículo en revista Lanzallamas 01). "Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”. Galeano. “Será que hay algo más que a simple vista no se ve”. Julieta Venegas.

Una reformulación de las posiciones, teorías y prácticas artísticas en función a nuestros intereses como colectividad tendría que empezar por plantearse un diálogo horizontal entre el arte académico, el arte popular, la contracultura urbana y todas las manifestaciones culturales que existen en nuestra patria y que son ignoradas por buena parte de la institucionalidad para realzar solo determinadas prácticas culturales funcionales y en directa correspondencia con la dominación del sector social más privilegiado. La colección de arte contemporáneo de nuestro Museo de Arte de Lima no incluye al Arte Popular, la Contracultura urbana sigue siendo marginal a las desgastadas instituciones artísticas privadas y estatales. La prensa especializada, por ejemplo, no toma en cuenta un proceso como el Foro de la Cultura Solidaria de Villa El Salvador, que en su primer año (2004) movilizó cerca de 15 000 personas y en su segundo año (2005) aproximadamente a 27 000 personas en sólo una semana, en su mayoría adolescentes y jóvenes de Villa El Salvador y, sin embargo, sí se ocupa a gran espacio de eventos artísticos que suceden dentro del circuito comercial – institucional que puede convocar a lo mucho a 200 personas aproximadamente en la misma cantidad de días.

Pero la funcionalidad de la institucionalidad artística con la dominación cultural no sólo se basa en invisibilizar espacios contraculturales y antisistémicos, sino también en reforzar ciertos sentidos comunes erróneos en materia artística, como aquel que dice que los artistas son seres especiales y la gente que consume arte, por lo mismo, es gente especial. Aquí juega el arte un papel de diferenciador social y de privilegio de clase. Juan Acha decía señalando esta distorsión que: “Si consumir arte es una actividad natural e importantísima para el ennoblecimiento y la purificación del espíritu, hay sensibilidades buenas y malas, idóneas e incapaces”. Ahora sabemos que consumir arte no es una actividad natural como se nos plantea sino una actividad cultural, aprendida socialmente. Al presentar la capacidad de valorar y decodificar las obras de arte como una capacidad natural y no como resultado de una educación, se deduce convenientemente que, quienes pueden apreciar, valorar, discutir y consumir ciertas obras de arte tienen una capacidad superior que el resto de personas. Señalar que no se trata de una cuestión de capacidad natural sino de una cuestión de acceso a un conocimiento específico (historia del devenir del arte contemporáneo), es decir, una cuestión de poder, haría evidente la desigualdad y el conflicto social ya que, la educación, como recuerda García Canclini, no es algo que se “es” sino algo que se “tiene”.

Un amigo pintor me contó una anécdota muy ilustrativa sobre el tema: El Taxista que lo acompaña a recoger sus cuadros en una galería sanisidrina, al ver que un cuadro abstracto (que para él lo podría haber hecho su hijita) vale 14 000 dólares le dice a mi amigo:

- Has visto gordo? 140 soles ese cuadro.
- ¿140 soles? Nooooo. 14.000!!!!.- le replica mi amigo.
- ¿14.000 soles?- pregunta sorprendido.
- ¡14.000 soles no, 14.000 dólares!
- ¿Asu, algo debe tener, no gordo? Algo debe tener….- concluye el taxista después de meditar un rato.

La persona que no ha accedido a un conocimiento del devenir de la historia del arte occidental, al no entender las obras que el sistema oficial presenta como representativos, sobrevalorará la capacidad de la clase alta que supuestamente sabe consumir arte.

Aquel taxista asumió que “algo” debía tener ese cuadro, “algo” que él no es capaz de comprender, para que valga tanto. Entonces interiorizó la idea de que la gente que puede pagar 14.000 dólares por un cuadro posee una capacidad que él no. Así se reproduce el discurso de la dominación reduciendo el arte a un signo de distinción social. El precio de las obras de arte en nuestro medio depende básicamente de los juegos de poder y el marketing del nombre de los artistas.

Otro sentido común del que hay que alertar es el que da cuenta del arte sólo a nivel de sus productos y no de sus procesos: el arte no es sólo productos (obras artísticas) sino que implica procesos de distribución y consumo, procesos socio-económicos a través de los cuales una obra se inserta en la trama de lo social y llega a un público determinado: la música no llega a nosotros entrando por la ventana sino a través de la radio, las empresas discográficas, los conciertos, la piratería, etc. Así las obras de artes visuales llegan a un público a través de galerías, centros culturales, espacios alternativos, prensa, etc. Si nuestro análisis se agotase en los productos artísticos tendríamos, como lo tenemos ahora, una crítica especializada centrada más en discursos estilísticos y formales que no toman en cuenta ni posicionamientos de los sujetos ni los procesos sociales que se generan a partir de lo que se analiza.

Como hemos visto, es a través de la distribución y el consumo de la obra artística que se da la dominación que denunciamos. Entonces, ubicamos tres niveles en el proceso artístico: producción, distribución y consumo; y señalamos cómo el discurso de la dominación tiene el tarro de pintura invisible del chavo del 8 y no le basta invisibilizar las experiencias contraculturales y anti-sistémicas sino que también intenta hacer no visibles las relaciones socio económicas del proceso artístico (distribución y consumo), para supuestamente dar un aura de espiritualidad a la actividad artística (no en términos de necesidades humanas psicológicas y sociales, sino como inmanencia metafísica en los objetos). Pongo dos declaraciones que pueden servir como ejemplos de este mecanismo (1995 y 2005):

- “Un artista habla de Arte, no de dinero (...) Yo prefiero estar en reuniones con mis amigos banqueros porque siempre hablan de arte, en cambio cuando me reúno con artistas siempre hablan de dinero”. Respuesta de Szyszlo a incómoda pregunta sobre los precios de sus obras en conferencia del año 1995 en la Facultad de Arte PUCP.

- “¿Cuál es el cuadro más caro que has vendido? Uy, nunca lo digo. Hablar de números no es lo mío” Galerista Lucía de la Puente en entrevista que empieza así: “Si te dijera que tengo diez mil dólares en el bolsillo, ¿qué cuadro me recomiendas comprar? Revista Somos 2005.

En este panorama es urgente crear nuevos espacios de distribución artística, crear nuevos públicos y nuevos mercados. Creemos que hay motivos para la esperanza: muchas experiencias autónomas y con sentido crítico han aparecido en los últimos años, espacios donde la gente puede producir, disfrutar y consumir arte con una lógica distinta a la de la distinción social y la competencia mercantilista. Vuelven a haber esfuerzos por construir colectivamente algo más allá del marasmo individualista. Es necesario generar nuevas teorías que acompañen estas distintas prácticas que vienen sucediendo (Foro de la Cultura Solidaria, CIAP, Centro Cultural El Averno, Teatro Vichama, Apu Teatro, El Colectivo, Festival Arte sin Argollas, Aguaitones, Teatro Loco, Fiteca, La Restinga, etc.). Todo trabajador(a) del arte como productor(a) cultural debe ser responsable de los sentidos que crea y debe ser consciente de que su actividad no se agota en el proceso productivo sino que también debe posicionarse frente a las dinámicas de distribución y consumo, que condicionan el mismo sentido de lo creado. Todas las personas que están trabajando por liberar la práctica artística deben preocuparse por sistematizar sus propias prácticas: producir conocimiento, saberes libertarios desde las prácticas mismas y que enriquezcan esas mismas prácticas.

Hagamos un llamado a la articulación: convoquemos a toda la gente en este país que está construyendo cosas, es necesario tender puentes, conocernos, juntarnos, construir colectivamente, valorando positivamente las diversidades. Ha llegado nuestra hora, no porque esté escrito en algún sitio o porque sea nuestro destino inexorable, será nuestra hora sólo si la hacemos nuestra, forcémonos a estar a la altura de nuestro tiempo. Juntémonos. Si no nos conocemos empecemos a hacerlo y los que nos conocemos poco conozcámonos más. No estamos tan solos como nos quieren hacer creer ni somos tan poquitos tampoco. Busquémonos, en las calles, en los espacios donde nos podemos encontrar, si pensamos que no existen estos espacios o no los encontramos, entonces hay que crearlos: espacios de arte alternativo, conferencias, debates, festivales de arte libre, listas de interés, círculos de estudio, etc. Empecemos a tender puentes entre nuestros distintos sueños y luchemos juntos por hacerlos realidad: para tener voz, para pensar, para hacer una patria distinta, aquí nadie sobra.

Lince, mayo del 2006
Jorge Alberto Miyagui Oshiro

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