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Lazos Rotos

Si Bush nos ladra, es porque cabalgamos.

Medios alternativos / Trabajadores digital.- Haroldo Romero Pérez. “Ahora hay que mirar al vecindario”, dijo en velada pero inequívoca referencia a Cuba el gobernador de la Florida, Jeb Bush, tras iniciarse la invasión de Estados Unidos a Iraq enmarzo del 2003. “Por ahora, no”, aclaró el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando se le preguntó entonces si su país realizaría una operación similar contra la Isla.

Quedó así anunciado por el hermano del presidente George W. Bush, y confirmado por el organizador de las guerras que ordena el mandatario, que la Casa Blanca concebía atacar militarmente a la nación caribeña; sólo que, considerando lo dicho en aquel momento por el jefe del Pentágono, preveían concretar la idea en un momento futuro. El sentido común indica que, como mínimo, debían garantizar antes el éxito en el país árabe y preparar el terreno para el próximo zarpazo.

De tal modo, en mayo del año siguiente W. Bush puso en vigor un voluminoso documento contra Cuba de más de 450 páginas, con una extensa y detallada relación de medidas dirigidas a intensificar la guerra económica, la subversión interna, la propaganda anticubana y las presiones sobre el resto del mundo para aislar internacionalmente a nuestra Patria, acciones que, según imaginaron, generarían las condiciones y pretextos indispensables para una intervención militar directa.

Los autores del documento lo definieron sin tapujos como parte de un plan para provocar el “rápido fin” del gobierno cubano. Tan confiados estaban de que sentaban las bases para alcanzar este propósito, que en el propio texto incluyeron el diseño de la sociedad que sueñan con implantar en Cuba, un proyecto que de concretarse representaría el triunfo de la bicentenaria pretensión anexionista de Washington y la desaparición de la nación cubana, porque pondría fin a la independencia y soberanía de la Isla.

Pero a dos años de iniciarse la aplicación del engendro es evidente su fracaso. La economía cubana alcanzó en el 2005 su mayor crecimiento desde el triunfo revolucionario, y su comportamiento actual indica que en el 2006 crecerá en una magnitud superior. Y además, ejemplos suficientes hay –que no se citan por razones de espacio, pero que aprecia cualquier observador informado— para afirmar que continúa expandiéndose el prestigio internacional de Cuba, y que también nuestro país se inserta progresivamente en su natural entorno latinoamericano y caribeño, al propio tiempo que Estados Unidos pierde cada vez más influencia en la región.

A esto se agrega que Cuba ha logrado prácticamente ya la invulnerabilidad militar, y avanza hacia la invulnerabilidad económica, y político-ideológica, cambiando todo lo que deba ser cambiado, y fortaleciendo el Partido como garante de la continuidad histórica de la Revolución.

Por todas estas razones no debe extrañar que en el anexo secreto del más reciente paquete de medidas lanzado desde Washington para dar continuación al plan anexionista iniciado por Bush en el 2004 puedan aparecer los preparativos para una guerra contra la Isla, como fue denunciado esta semana en el diario Granma por Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, y, con su participación, también en la Mesa Redonda de la Televisión Nacional.

Hay que reconocerle al Gobierno norteamericano, al menos, la posibilidad de que tenga las neuronas necesarias para advertir que ha fracasado, y no tiene perspectiva alguna de éxito la irracional política ejecutada tradicionalmente contra Cuba por los gobernantes estadounidenses desde 1959, llevada a sus límites extremos por esta Administración; pero quedaría en duda que posea las suficientes, si no advirtiera que tampoco el poder destructivo de su enorme capacidad militar es remedio para curar su obsesión anticubana.

Por si las cosas, y en bien de los pueblos de ambos países, y de otras naciones, mejor sería que el irresponsable y belicoso inquilino de la Casa Blanca se buscara consejeros que le explicaran con realismo los asuntos del mundo de hoy. Ellos pueden demostrarle, entre otras verdades, lo mal que marchan para la superpotencia, cada día más, sus campañas militares en Afganistán e Iraq. Y que Cuba sería la sepultura de las aventuras bélicas del imperio.

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