Blogia
Lazos Rotos

Los gobernantes y la sociedad .

Tanto se habla y se escribe de los gobernantes-políticos que da la impresión de que ya no queda nada nuevo ni por oír ni por leer. Es cierto que en pro y en contra quedan pocos calificativos en la lengua para definirlos entre las gentes de las ciudades y de los pueblos rurales.

Me acuerdo aún cuando el poder estaba en la varita del señorito, con un mando de emperador o dictador férreo, que hacía hacer cuanto le apetecía tanto a sus empleados-esclavos como a quienes se le acercaran. Al señorito la gente le temía. “¡Viene el señorito!”, y todos corrían. Es decir, la gente, el pueblo, el empleado no tenía voz, ni opinión y, menos, posibilidad de reclamación. La Democracia no se conocía ni por su nombre.

Hoy, disfrazado, pasa otro tanto. ¡Que viene el alcalde!, o ¡Que está aquí el presidente del Cabildo!, o el del Parlamento o de la Comunidad. ¡Todos a callar y a bajar la cresta! Pues, queramos o no queramos, sigue habiendo señoritos entre los políticos gobernantes, aunque oficial y legalmente los hayamos elegido, por su propaganda (a veces subliminal) como nuestros representantes.

Pero en una Democracia (reitero mi mayúscula) ser representante no es similar a ser onmipoderoso y sagrado. Existen quienes se merecen el cargo con muchos honores cum laude con sus ideales y trabajo; otros pasan el aprobado cumpliendo con sus obligaciones; los suspensos, para no volver, por sentido común, a presentarse más a un cargo público muchos; los peores, o los pésimos, quienes emplumados con todos los calificativos parasitarios populares, son aquellos que se clavan en su cabeza como las garrapatas y chupan y se hinchan per secula seculorum sin saber hacer otra cosa que nada, ni siquiera jubilarse, pero viven y se hartan e inflan de la política a costa el dinero de cada ciudadano.

No es nada extraño por ello que España, en una época de orgullo cervantino, luz de sabiduría y cultura, pasajera en el vagón de lujo de primera clase en el planeta tierra, hoy día, en el presente, vaya en el de cola entre los países civilizados con tanto analfabetismo, cultura media, fracaso escolar que conlleva casi siempre a la pobreza, a la extrema-pobreza y a mendigar, a los sin techo; a la proliferación de enfermos y mantenimiento vulgar de la misma enfermedad, la falta de asistencia médica; al silencio ante los grandes negocios inmobiliarios políticos, en perjuicio de la sociedad; y muchos etc., más. Y Canarias al arrastre, enganchada a esa cola, como si de una colonia lejana de España y de Europa se tratara con una ridícula subvención en euros per cápita, al considerar, según parece, también al turismo como residente canario.

Pero los políticos lo han sabido hacer para no quemarse. Han creado, como tapadilla, en cada barrio de los municipios asociaciones de vecinos. Éstos casi no tienen poder alguno, salvo sugerir y pedir, pero no vigilar y menos mando alguno. Ahora bien, una confederación de asociaciones de vecinos (como personas directamente ligadas al pueblo en el presente) bien podría vigilar a sus representantes superiores: dialogar y sugerir y, si fuera necesario, denunciar ante la autoridad judicial competente. También unirse en confederación, con este nombre u otro, que se pudiera ampliar a la isla entera, provincia o comunidad y actuar en consecuencia.

Exactamente igual sugeriría a la autoridad de la Policía (Local, Nacional y Guardia Civil), unificada o no, que ampliara su vigilancia y persecución policial hasta nuestros gobernantes como al resto de los ciudadanos; tanto como a quienes venden porros o roban gallinas o una cartera para comer; o que vigila la seguridad vial, o la violencia contra las mujeres, o quienes cometen los crímenes y asesinatos, o trafican con drogas, y que no necesitan denuncia previa alguna; así también podría nuestra policía vigilar a nuestros gobernantes-políticos, salvo que lo tenga prohibido.

Quizá conseguiríamos que, poco a poco, no se dieran tantos escándalos públicos como el de Vilaflor, o las manifestaciones del puerto de Granadilla con el “sí” o el “no” democrático; o las contrataciones sobre presupuestos que se pueden multiplicar por cuatro o por cinco (auditorio de Santa Cruz); o los dineros que se esfuman como el humo (Timanfaya); líos espirales como el istmo de Las Palmas de Gran Canaria; o como los de tantos y tantos municipios de allá y de acá, por no ir citando carreteras, autopistas, aeropuertos y la ya anunciada primera subida grave del costo del tranvía sobre el primer presupuesto firmado, etc., y muchos etc.

Si el sentido común ocupara algo de nuestras cabezas quizá se intentaría que nuestros jóvenes universitarios, comerciales, economistas, informáticos, técnicos, abogados, y otros, de dos universidades nada menos, premiados internacionalmente o no, con una inteligencia más dúctil y justa y más flexible y más avanzada y sabia y educada que la nuestra, por mucho que nos pese, se haga cargo de nuestra I+D+I; pasando nosotros (como he dicho en otras ocasiones) a la reserva en una buena biblioteca o hemeroteca de consulta.

Fuente: Domingo A. Rodríguez Luis :: Canarias Ahora

0 comentarios