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Lazos Rotos

'La memoria silenciada' reivindica la historia reciente de las Islas.

La República en Icod de los Vinos

Las instituciones públicas canarias muestran la más absoluta indiferencia para recuperar la memoria histórica en las Islas y sorprende que los cabildos "no se mojen" y hayan dado la espalda a proyectos sobre este asunto, afirma el periodista y escritor Cirilo Leal. El investigador, junto al cineasta David Baute y el fotógrafo Jaime Ramos, se ha encontrado con esta indiferencia institucional a la hora de grabar la serie 'La memoria silenciada', que prevé emitir en octubre la Televisión Autonómica Canaria, pese a que la Guerra Civil en Canarias y la represión en la postguerra apenas se ha abordado desde el documental audiovisual.

El movimiento que reivindica esta recuperación "está empezando" en Canarias, señala en una entrevista Cirilo Leal, que confiesa su sorpresa porque pensaba que los cabildos "se iban a mojar" en este asunto y en su inmensa mayoría "le han dado la espalda totalmente", cuando debería corresponder "a la iniciativa institucional" sacar los hechos "a la luz".

Quizá la excepción esté en el director general de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias, Moisés Plasencia, quien ha visto la necesidad y el papel del documental en el rescate de la memoria y la sensibilización de las nuevas generaciones.

Pero también han hallado "mucho miedo a hablar" por parte de los protagonistas, de los que sufrieron la represión, y el más absoluto silencio por parte de los implicados, como falangistas, policías y militares. Hay personas que se han negado a salir en la serie y a otras se las ha grabado a trasluz, para no ser identificadas, porque "el miedo sigue latente. Los años de represión cundieron", afirma Cirilo Leal.

Precisamente estos días el equipo se desplaza a Lanzarote para relatar el dramático caso de un secretario del Ayuntamiento de Tinajo en Lanzarote, que sufrió acoso y murió de hambre por negarse a firmar la expropiación de tierras de gente humilde por parte de falangistas. "Pero nadie quiere hablar del tema" en la isla, lamenta Cirilo Leal, quien advierte de que es urgente rescatar las historias de esta época porque los protagonistas "están muriendo".

El resto de capítulos de La memoria silenciada estarán dedicados a los sucesos de El fogueo en La Gomera, la represión tras la Semana roja en La Palma, el campo de concentración de Tefía en Fuerteventura, los salones de Fyffes en Tenerife y los cinco escondidos en los montes de El Hierro, el último de los cuales, Aniceto Acosta, falleció quince días antes de la grabación.

La memoria silenciada nace después de que el escritor se percatase de que hechos relativamente recientes no eran conocidos por las nuevas generaciones, lo que se unía al temor de los supervivientes a hablar.

El origen de la serie es un libro editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria en el que Cirilo Leal, Sergio Millares y Manuel González Izquierdo relatan los sucesos de Sardina del Norte, en el municipio grancanario de Gáldar, cuando se produjo un enfrentamiento entre obreros y campesinos y la Guardia Civil.

Este hecho, que ocurrió el 15 de septiembre de 1968, fue el acontecimiento más importante del movimiento obrero canario en la postguerra, tuvo una importante trascendencia internacional y supuso la caída de la cúpula del PC en Canarias, cuyos líderes fueron encarcelados y el partido "descabezado", explica.

La prisión de los participantes en estos hechos, condenados a cumplir de uno y once años de cárcel, motivó además el primer encierro conocido de mujeres en la catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria, que contó el apoyo "decidido" del obispo Infantes Florido.

El eco internacional de este hecho hizo que mujeres campesinas de México emularan el encierro de las canarias, al tiempo que se promovieron manifestaciones entre los emigrantes españoles, pues incluso uno de los detenidos en Sardina había trabajado en las minas de Bélgica.

También en el Reino Unido un grancanario vinculado al PC comunicó los hechos a los republicanos españoles en el exterior, señala Cirilo Leal, quien recuerda que uno de los detenidos en Sardina del Norte fue el escultor y militante comunista Tony Gallardo.

Los sucesos se desencadenaron después de que se celebrase una asamblea en la cala Martorell en la que participaron unas 200 personas, trabajadores de la empresa Satra, que construía la carretera en Gáldar y que entró en quiebra, así como aparceros, dirigentes del PC y sus familias.

Cuando estaban reunidos fueron sorprendidos por miembros de la policía secreta y la Guardia Civil, quienes cercaron a los participantes cuando éstos se negaron a entregar a los líderes comunistas.

Entonces se produjo un tiroteo en el que resultaron heridas dos personas -uno de los tiros destrozó la guitarra de uno de los participantes- y se detuvo a unos 50 asistentes a la asamblea, de los que algunos quedaron en libertad y otros ingresaron en la prisión tras un Consejo de Guerra.

Ahí quedó herido el PC canario y sus principales líderes fueron encarcelados, con familias destrozadas y marcadas socialmente a las que les quitaban el saludo por la calle "como a delincuentes", explica Leal.

Con la llegada de la democracia "y el pacto de silencio" de la transición no ha habido un reconocimiento al sacrificio de esta generación, que ha quedado olvidada, añade el escritor, quien reclama la necesidad de reivindicar este esfuerzo por la libertad y la dignidad "sin tintes ideológicos".

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