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Lazos Rotos

A 30 años de los últimos fusilamientos de Franco.

Manuel de la Rosa Hernández / Artículos de opinión.- El 27 de septiembre se cumplió tres décadas de los fusilamientos por parte de la Dictadura Franquista de Juan Paredes Manot, "Txiqui" (21 años), José Luis Sánchez Bravo (22 años), José Baena Alonso (24 años), Ramón García Sanz (27 años) y Ángel Otaegui Echeverría (33 años). Eran los chivos expiatorios de un régimen que se resistía a abandonar la escena. El régimen franquista estaba ya en crisis terminal. Ahora, cuando una vez más, se quiere revisar el proceso de la llamada transición, conviene refrescar la memoria colectiva, a riesgo de cometer errores de precisión en la referencia a hechos y/o a su valoración, pero merece la pena intentarlo si queremos comprender la historia de nuestro tiempo para que no nos la escriban, revisen e interpreten los de siempre.

“Seguiremos cabalgando” declaraba el gobierno tras la respuesta popular de rechazo al anuncio de fusilamientos. Pero una cosa son los deseos, impuestos con la represión y otra bien distinta la realidad concreta.

Con los cinco asesinatos de la mañana del 27 de septiembre de 1975 la Dictadura franquista quiso demostrar lo que había proclamado al establecer poco antes la Ley Antiterrorista, que para sobrevivir estaba dispuesta a seguir la escalada de terror. Pero su tiempo había pasado, en el seno de la sociedad que habían intentado moldear durante cuatro décadas se habían gestando las fuerzas dispuestas y preparadas para derrocarla.

Solidaridad internacional. Ante el anuncio de los fusilamientos, como un reguero de pólvora las acciones de protesta se extendían de una punta a otra del continente europeo. Toda la Europa capitalista tembló, no faltando la represión de los Gobiernos “democráticos” a sus ciudadanos. Manifestaciones de miles, asaltos a las embajadas y consulados. Huelgas de solidaridad y boicots en aeropuertos, ferrocarriles, puertos, correos,... Tampoco escaparon de estos “ataques”, oficinas, agencias de viaje y de turismo, bancos,... París se asemejaba a mayo del 68, según la prensa.

Los amos de toda Europa le habían prometido a Arias Navarro, el por entonces presidente de último de los gobiernos de Franco el apoyo a su “aperturismo”, el otro candidato, Carrero Blanco vio truncada su subida al poder, tras una breve “ascensión" por los aires. En Europa, tanto en el Oeste como en el Este, las actuaciones de los gobiernos se limitaban a gestos simbólicos de protesta. El gobierno de los EEUU se reunía en esos días con el ministro franquista de asuntos exteriores para negociar la continuidad de los recién caducados Acuerdos sobre la continuidad de las Bases. En aquellos días se vio una vez más como defienden los “derechos humanos” estos gobiernos autodenominados democráticos.

La lucha en el “interior”. Pero la lucha decisiva la estaba protagonizando en aquellos momentos el movimiento obrero y popular en el Estado español. Euskadi con sus sucesivas movilizaciones y su Gran Huelga General y en otros lugares del estado, como en el cinturón obrero de Madrid, en las calles y fábricas de Catalunya,... La clase obrera que reconocía en numerosas acciones que aquella era su lucha, traía de cabeza al Régimen.

Pero faltó la suficiente iniciativa de las organizaciones con presencia en el conjunto del Estado español, con cierto peso en aquellos momentos en el movimiento obrero y popular como era el caso del PCE y en menor medida del PSOE, para haber adoptado medidas eficaces y contundente frente a estos hechos. El PCE se limitaba en muchos lugares a la recogida de firmas, telegramas,... más encaminados a “convencer” a los criminales que a promover la movilización: más en la confianza en sectores del poder que en la única fuerza capaz de derrotarlo. Así en lugar de llevar la Huelga General de Euskadi a todo el Estado, levantaba la nefasta política que denominaba de “reconciliación nacional”. En el “Mundo Obrero” nº 26 decía: “En estos dramáticos instantes hay quienes pueden y deben intervenir decididamente. La Iglesia Española, Episcopado y sacerdotes fieles...” “El Ejército necesita impedir que los ultras arrojen sobre él nuevas manchas de sangre, nuevos crímenes”.

La dirección del PCE era obvio que sabía que la Iglesia y el Ejército eran los pilares en los que se apoyó la Dictadura desde un primer momento, por lo que se comprende aún menos su insistencia en esperar algún cambio por esa vía y desde estos sectores reaccionarios. En cuarenta años de existencia del Régimen la Iglesia y el Ejército no habían cambiado su naturaleza reaccionaria, ni tampoco después con la democracia coronada. Esta actuación de la dirección del PCE va a ser la tónica en todos esos años, que va a marcar toda la transición “democrática” y que por ello heredamos el régimen de la monarquía, con sus raquíticas libertades y derechos, entre otras consecuencias.

La lucha de los pueblos por las libertades fue decisiva para hacer entrar en crisis al Régimen franquista. Paralelamente entraban en juego otros intereses, la burguesía podría estar interesada en un cambio de la forma de dominio, pero en ningún caso tenía interés en que fueran los trabajadores y los sectores populares quienes protagonizaran este proceso, de hecho a la contra van a interponer una serie de recursos y fuerzas con la intención de tomar las riendas del proceso. Los pactos y componendas de algunos le ayudarían en su empeño.

Aquellos asesinatos de hace 30 años fue un acto cruel más de una Dictadura que no pudo detener el proceso de movilización social. Con aquellos fusilamientos no pudo parar esa lucha popular. El régimen tendría los días contados.

Esta lucha por las libertades fue en todo caso un proceso no exento de sacrificios en vidas, que la bestia fascista arrebató en los meses y años posteriores (Antonio González Ramos en 1975, Bartolomé García Lorenzo en 1976, Javier Fernández Quesada en 1977, asesinados en Canarias y otros muchos más, en otros territorios del Estado, como los citados fusilados del citado 27 de septiembre). Pero, a pesar de ello como diría Txiqui en septiembre de 1975 “es el pueblo y la solidaridad de los pueblos del mundo quienes dirán la última palabra”.

Manuel de la Rosa Hernández / Artículos de opinión

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