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Lazos Rotos

Educación y anticlericalismo.

Medios alternativos / Rompamos el silencio.- En los últimos años la iglesia católica se ha destacado como el actor social que más y con mayor intensidad se ha enfrentado a los avances sociales. De esta forma, y excusándose en su supuesta representatividad y peso en la sociedad española, se ha declarado con capacidad para imponer sus normas morales al proceso democrático. Así, con bastante desparpajo y sin atisbo de vergüenza, jaleados por los medios afines, se han manifestado contra la igualdad de derechos del colectivo LGTB o, para mantener sus privilegios, contra la educación pública, o incluso sobre asuntos con tan marcado carácter moral o religioso como la unidad de España o el transvase del Ebro.

No obstante, esta intromisión en la vida pública y política de la sociedad no es en absoluto nueva, aunque pueda resultar llamativa la intensidad y descaro que ha tomado en los últimos años. No es nada nuevo, sino que la voluntad de influir en el devenir político de la sociedad es una condición esencial de la iglesia, que no busca de esta forma sino el mantenimiento de sus privilegios con el fin último de perpetuar las estructuras de opresión y dominio, siempre en connivencia, legitimando y absolviendo a los poderosos.

Está no es sino la característica común de todas las iglesias, que no son otra cosa que afiladísimos instrumentos de control social, que consiguen mantener a los pueblos en estado de letargo, de aceptación sumisa de sus condiciones de existencia, embobados ante un más allá celestial con el que consolarse de este "valle de lágrimas".

Pero nuestra crítica tiene que ir más allá, no sólo contra la iglesia católica, en tanto institución corrupta y retrógrada que nos ha tocado padecer en este Estado, ni contra cualquier iglesia, en tanto estructuras organizadas para legitimar la opresión de los pueblos, sino contra el concepto mismo de religión, contra la idea misma de la fe, contra toda esa galaxia de cuentos que nos han venido contado desde tiempos inmemoriales y que no tiene otro objetivo que mantener al ser humano en permanente situación de incapacidad, aterrado e irresponsable, inerme y dócil. Por todo ello, manifestarnos contra toda religión, contra toda fe, por un ser humano dueño único de sí mismo y de sus actos, libre antes sus miedos y sus deseos.

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