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Lazos Rotos

1936: Cuba defendió a la República Española contra el fascismo.

Medios alternativos / Trabajadores digital.- Alina Martínez Triay. El 17 de julio de 1936 la España republicana se vio envuelta en una guerra desatada por militares falangistas apoyados política y militarmente por Hitler y Mussolini. Ante la heroica resistencia del pueblo español frente al fascismo.

Cuba ofreció su corazón. La foto [1] del encabezado de este artículo tiene el valor de ser la única tomada durante la guerra que reúne un mayor número de combatientes cubanos del casi un millar que peleó en defensa de la República española.

Corresponde al momento en que la 15ª Brigada Internacional Abraham Lincoln, de la que formaba parte este contingente de compatriotas, se preparaba para dar inicio a la ofensiva del Ebro.

Algunos de esos hombres, incluido el corresponsal de guerra del periódico Hoy que captó la imagen, integraron después la relación de las decenas de cubanos caídos heroicamente en aquella contienda por la libertad, la justicia y contra el fascismo. Ellos no dudaron en dejar atrás sus hogares y su familia para sumarse, como lo decidió el inolvidable Pablo de la Torriente Brau, “a la revolución española, donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos”.

Dentro del casi medio centenar de ellos que alcanzó altos grados militares, los había muy jóvenes, como el teniente coronel Rodolfo de Armas, primer jefe de la aguerrida Centuria Guiteras integrada totalmente por cubanos, muerto a los 25 años en el frente de Jarama, y el comandante Alberto Sánchez Menéndez, caído a los 22 años en la batalla de Brunete. Varios aportaron sus conocimientos médicos, como el capitán Luis Díaz Soto, o su experiencia militar, como el comandante Jorge Agostini, quien tuvo a su mando un submarino; y alrededor de una docena, actuaron, al igual que Pablo, como comisarios políticos.

A siete décadas de esta epopeya, admira el modo en que los cubanos progresistas se impusieron al régimen reaccionario que gobernaba la Isla para brindar una solidaridad sin precedentes, no sólo en lo militar, sino además en lo político y material, con una batalla en la que estaba en juego el destino de la humanidad.

“Que cada uno haga un poco y tendremos un gran resultado”

Esa fue la táctica trazada por el Partido Comunista, plasmada en una Resolución de su Buró Político con la firma de Blas Roca.

Las condiciones para llevarla a cabo eran particularmente adversas, ya que las fuerzas revolucionarias cubanas se encontraban inmersas en la ilegalidad después de la feroz represión desatada por el régimen tras el fracaso de la huelga general de marzo de 1935. No obstante, se había iniciado un fuerte movimiento por la unidad y el rescate de los derechos democráticos, contra la dictadura y el imperialismo, dentro del cual se inscribió con fuerza la solidaridad con el pueblo español.

En la más absoluta clandestinidad y en medio del acoso policial y de una virulenta campaña de prensa contra el envío de voluntarios para defender a la República española, actuó una comisión de reclutamiento encabezada por el miembro del Buró Político del Partido, Ramón Nicolau. Del total de futuros combatientes, alrededor de 600 partió de Cuba; otro grupo, aglutinado en el Club Mella de Nueva York lo hizo desde Estados Unidos, y el resto se encontraba en España cuando estalló la guerra y se sumó a ella.

Paralelamente al reclutamiento, en diversos parques de La Habana, con la consigna de ¡Que no se vea la hierba! se llevaron a cabo actos multitudinarios de solidaridad, algunos de los cuales llegaron a reunir a decenas de miles de personas. Estas convocatorias eran reforzadas por la labor de propaganda a favor de la República española, realizada a través de medios de prensa y radiales controlados por diversas organizaciones progresistas.

Mediante comités de ayuda creados en todo el país, se canalizó el aporte material de los trabajadores y el pueblo, que centavo a centavo y gramo a gramo acopiaron importantes cantidades de azúcar, leche, ropa, medicamentos, tabaco, y dinero para enviarlas a la Península. Se consiguió además la salida del puerto habanero de dos barcos procedentes de México cargados de provisiones para el pueblo español, que habían sido retenidos por las autoridades aduanales cubanas.

Para darles amparo a los pequeños que habían quedado huérfanos por el terror fascista, se creó en la playa catalana de Sitges, bajo el patrocinio del Comité Cubano de Ayuda al Niño Español, la Casa- Escuela Pueblo de Cuba, que fue puesta en manos de la destacada educadora y revolucionaria matancera Rosa Pastora Leclére.

El arrojo de los combatientes de la Patria de Martí en los frentes de batalla hizo exclamar al corresponsal de guerra JamesW. Ford, del periódico norteamericano Daily Worker: ¡Cuba puede estar orgullosa de sus hijos!

Después que el gobierno republicano español aceptó la retirada de la contienda de todos los voluntarios extranjeros, propuesta por el Comité de No Intervención, el pueblo cubano tuvo que librar otra batalla: exigirle al gobierno la repatriación de los internacionalistas confinados en campos de concentración.

Décadas más tarde, Fidel calificó la actuación del pueblo cubano ante la agresión fascista a la República española como “una de las más nobles y heroicas contribuciones al movimiento revolucionario mundial de nuestro primer Partido Comunista, inspirador de esa acción solidaria”.

[1] Foto: Archivo del Instituto de Historia de Cuba.

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