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Lazos Rotos

Inmigrantes y el paraíso. Desde Madrid.

Medios alternativos / Progreso Semanal.- Manuel Alberto Ramy. Madrid es una ciudad que desde el sábado 12 se ha ido vaciando por las inmensas autopistas. Hay “puente” (lunes también libre), pues el martes 15 es el de la madrileña Virgen de la Paloma. Y en España, Vírgenes y Santos regalan feriados a mano abierta. ¡Que viva el santoral!, parecen decir todos los españoles.

Me encanta el Madrid bullicioso de intenso tránsito de vehículos y aceras repletas de peatones. Pero gracias al feriado descubro a una ciudad aún con habitantes que caminan sin prisa, sosegados. Una ciudad en cámara lenta es buena para apreciar lo que el frenesí habitual me ha escondido muchas veces.

La Gran Vía. Allí estaba, camiseta roja con una marca publicitaria, pantalón negro, ojos vivos y piel de África. Viajó en una patera o en un cayuco, que es un bote hecho con prisa y mal oficio, pero que da igual para quienes lo arriesgan todo por un futuro, casi siempre de espejismo que nace de la urgente necesidad de escapar de la miseria, alimentado por los cuentos de quienes los han antecedido. Riesgo en las fronteras marroquíes, riesgo en el mar, más la siempre probable estafa de los traficantes, prestos a abandonarlos en el Mediterráneo ante el menor peligro de las patrulleras. Todo incierto, una aventura de vida o muerte.

Vino de su tierra natal, Guinea Ecuatorial, ex colonia española, de ahí que pronuncie hasta las zetas porque los idiomas, de por sí, no son racistas, aunque van conformando un modo de pensar y después un estilo de vivir por medio del marketing, la publicidad, los cantos de sirena del mercado. Alguien dijo que la lengua es el país, la nación, y cierto, aunque vale para otros tiempos. Ahora la homogenización de la globalidad impone el supraidioma.

Pero de vuelta al africano, al que llamaremos Eduardo, como acordamos a cambio de unos euros sin comprarle alguna “peli”, y que se la juega en las grandes avenidas madrileñas junto a otros de sus colegas que venden CD y DVD piratas. Y no lo hacen en esquinas recoletas, sino en grandes avenidas como La Gran Vía, donde lo descubrí con su manta de nailon extendida sobre la acera y sus pupilas inquietas pasando de la mercancía al movimiento de la calle, olfateando en el aire, como un animal asustado, la proximidad de la “poli”.

Me puse a mirar las películas que ofrecía –unas recién estrenadas en EEUU y la mayoría de producción española. Al fijarme descubrí cuatro cuerdas, una por cada punta del nylon que terminaban en un nudo corredizo en el centro.

“¿Le gusta alguna?”, fue su pregunta al ver que una de sus producciones acaparaba mi atención. Y cuando le iba a contestar, zas, tiró del nudo corredizo en el centro del nylon y echó a correr mientras me decía “en Fuencarral”. ¿Negociante honrado? ¿Cumpliría con mi pago por adelantado? Sus colegas hicieron lo mismo. Ni un CD o DVD perdieron en su huída al advertir que una pareja de policías se acercaba [...]

Si desea leer el texto íntegro en su fuente original, éste artículo se encuentra disponible haciendo clic aquí.

*Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de Radio Progreso Alternativa en La Habana, y editor de la versión en español del semanario Progreso Weekly/Semanal.

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