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Lazos Rotos

'Memorias de Agüimes', de Francisco Tarajano Pérez.

Medios alternativos / El Guanche.- Jose Almeida Afonso. Acaba de editarse el sexto tomo de las "Memorias de Agüimes", escritas por el profesor y poeta Francisco Tarajano Pérez, en el que se recogen -de una manera amena, apasionada, pedagógica- lo que podríamos denominar "la intrahistoria sentimental" de este muncipio del sureste grancanario.

Alguna vez he dicho que la verdadera, la auténtica Historia de Canarias debe pasar, ineludiblemente, por la historia de cada municipio, y gran parte de esta historia está todavía por escribir.

Gracias a la aportación particular de Francisco Tarajano Pérez y sus "Memorias de Agüimes", podemos acercarnos hoy un poco más al conocimiento de nuestro pasado más concreto e inmediato, a través de un compendio de hechos, biografías, descripciones, pasadas por el tamiz virtuoso de uno de nuestros más significativos poetas.

Pero Francisco Tarajano nos advierte en su prólogo "Por ignorancia e interés, la Historia del Agüimes aborigen fue enmascarada y mutilada; los conquistadores implantaron la creencia de que el Agüímes guayrato era un pueblo bárbaro, detestable y vergonzante; pero la memoria colectiva no se borró totalmente; tampoco creaciones de nuestros antepasados canarios."

Sin embargo, también reconoce Tarajano que "Veinticinco años después de la Conquista, todavía en los parajes de Agüimes había gentes que creían en Acorán, Dios omnipotente, señor del cielo y la tierra; las harimaguadas lavaban la cabeza a los recién nacidos, se bailaba y cantaba en nacimientos y bodas, se adoraba a Magec (Sol) y Acaman (Luna), se iba al almogarén o casa santa a prácticas religiosas, se iba en procesión, entre danzas, bailes y cantos a orillas de la mar y se daban palos a las aguas para que se aplacara la ira de Acoran y enviara las ansiadas lluvias; se temía a Gaviot, genio del mar; se seguía amortajando los cadáveres para enterrarlos en cuevas altas (.) Y todo ello era perseguido y castigado por la Inquisición como prácticas idólatras y malignas".

Pero a medida que avanzaba la colonización -la conquista total del Archipiélago Canario todavía se haya inconclusa por mucho aparatos mediáticos, docentes, militares, policiales, clericales, políticos, ignorantadores y atemorizantes que desplieguen; mientras quede uno, un sólo canario alzado, insumiso, rebelde, que no canten victoria, que no nos den por vencidos- los vecinos de Agüimes, impotentes, vieron cómo se les arrebataban tierras, aguas, ganados, colmenas, solares, casas, cuevas por el delito de no ser cristianos.

En la página 36 del tomo seis de "Memorias de Agüimes" se pude leer: "Apena leer que en 1530 había en Agúimes quince vecinos canarios, todos pobres y desfavorecidos. Los alzados o inconformes tuvieron que irse a vivir a los riscos; los resignados se cristianizaron; algunos trabajaron en las tierras de los agraciados por el obispado".

Pero una constante en todos los periodos históricos de este municipio es la constatación de la siguiente realidad en la vida de la mayoria de los canarios o descendientes de éstos: "manutención escasa y miserable, miseria y hambre" (página 27).

Pero hasta la miseria se puede poetizar. En la página 15 leemos: "Aquellos hombres y mujeres sufrieron con robusta pobreza el sol violento de las laderas, resistieron la bofetada del viento, los azotes de la vida áspera, el olvido y la sequedad de los sordos poderes y los apabullantes sirocos de la incultura en las chozas pajizas, en las cuevas bermejas, en las cuarterías enclenques, en las terrosas gañanías, en las casitas terreras."

Y apostilla Tarajano: "Dije que soportaron los apabullantes sirocos de la incultura. En algún libro escribí:

"Un pueblo inculto no es libre
besa manos de tiranos,
teme a logreros caciques,
se arrodilla ante los amos."

Este libro aporta muchos datos desconocidos, pero también desvela mentiras enquistadas: "Uno se pasma de asombro -escribe Tarajano- cuando repetidas veces oye y lee que Agüimes fue la Atenas de Canarias, es decir, cuna y palestra del saber. Se pasma uno de asombro, de pena y de rabia porque no se puede enmascarar, camuflar, desfigurar, mutilar la historia por narcisismo complaciente, adulación, interés o ignorancia. Las frías cifras de los documentos de los censos, de los hechos y los años vividos desmienten tal afirmación". (página 16)

En 1646 de los 31 vecinos importantes que, reunidos en la iglesia parroquial, eligen por patrona e intercesora a la Virgen del Rosario, sólo trece saben firmar.

Casi tres siglos después, en el censo de 1901, de una población de 2.865 habitantes, sólo unos 600 saben leer y escribir.

Y sigue Nuestro Tarajano describiendo poéticamente la dura, cruel, brutal, implacable realidad de nuestros antepasados agüimenses, que muy bien podría ser la realidad de los antepasados -y no tan antepasados- de cada uno de nuestros pueblos: "No, no eran ricos en letras; nuestros antepasados eran tan sólo ricos en fe, en esperanzas, en denodados empeños. Gracias a ellos los dominios de los cardos, de los balos, de los veroles, de las aulagas fueron fértiles cercados y fincas fecundas donde verdeaba el millo, amarilleaba el rastrojo. Un día lomos, laderas y arrecifes fueron cadenas con hileras de monóntonos y difíciles surcos donde los simientes se convirtieron en granos y pastos. Uno y otro día de padres humildes salieron ingenios delicadísimos y caudalosos. Contra la malaventura, el infortunio y la adversidad, la sequía, las plagas, todo lo pudo nuestra vieja y castiza prosapia. (.) Lo pudieron aquellas madres nevadas, aquellas mozas ardientes de albores, que vencieron quinqués siempre plachando trances difíciles, siempre tasando pobres posibles, siempre haciendo caminos para vender panes y calados, siempre raspando cochinillas, siempre deshojando y amarrando tomateros, siempre empaquetando. (.) Con el anhelo ferviente de dotar a la hija o a la hermana casadera, de dar una carrera al hijo o al hermano, aquellas mujeres no daban agujeros al descanso sino, cuando viva la noche, extenuadas, caían sobre los colchones de hojas de millo y todavía desgranaban rosarios de resignación y piadosas jaculatorias."

(¡¡Para que después venga el "energúmeno ilustrado" Ignacio Gónzalez a decir que somos por cultura y educación españoles y europeos!!)

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