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Lazos Rotos

La mentira sobre los atentados con explosivo líquido.

Propaganda y terrorismo / Red Voltaire.- James Petra*. El inverosímil «complot terrorista» supuestamente descubierto en Londres durante este verano sigue dando de qué hablar a los analistas políticos. Los medios de prensa siguen repitiendo las absurdas acusaciones de la policía británica mientras que numerosas personalidades demuestran con detalles que las mismas carecen de fundamento. Tras los análisis del ex embajador británico Craig Murray, del periodista alemán Jurguen Elsasser y del novelista estadounidense Thomas C. Greene, publicamos hoy el del profesor universitario James Petras. Este intelectual estadounidense desarma pieza por pieza la máquina de propaganda y señala sus implicaciones económicas.

Las acusaciones formuladas por los regímenes del Reino Unido, Estados Unidos y Pakistán sobre el supuesto descubrimiento de preparativos para una gran serie de atentados contra nueve compañías aéreas de Estados Unidos se «basan» en «pruebas» extremadamente dudosas, que serían rechazadas por cualquier tribunal digno de ese nombre.

El análisis minucioso de la investigación, en su fase actual, permite destacar algunas cuestiones sobre las afirmaciones de esos gobiernos en cuanto a la preparación de un atentado urdido por 24 súbditos británicos de origen pakistaní.

A los arrestos de esos 24 sospechosos siguió la búsqueda de pruebas materiales, como relata el Financial Times en su edición del 12 de agosto de 2006: «La policía se dio a una hercúlea tarea consistente en reunir pruebas del presunto complot terrorista revelado ayer» [1]. Dicho de otra forma, los arrestos, así como las acusaciones, tuvieron lugar a pesar de la ausencia total de las pruebas necesarias para su realización. Esto es de por sí una forma de proceder extremadamente extraña ya que los procedimientos normales de investigación exigen que los presuntos sospechosos sean arrestados únicamente después de la realización exitosa de «la hercúlea tarea consistente en reunir pruebas». O sea, se realizaron arrestos antes de disponer de las pruebas necesarias. ¿Qué justifica entonces esos arrestos en el plano legal?

Las investigaciones de grabaciones y transferencias bancarias que efectuó el gobierno no permitieron encontrar ninguna vía de financiamiento, a pesar de haber sido congeladas las cuentas corrientes de las personas arrestadas. La investigación policial arrojó sumas modestas en las cuentas de ahorro de estas personas ya que se trataba de jóvenes, obreros, estudiantes o empleados provenientes de familias de inmigrantes con recursos muy modestos.

El gobierno británico, con el apoyo de Washington, afirmaba que el arresto de dos anglopakistaníes por el gobierno pakistaní había proporcionado «pruebas irrefutables» que supuestamente permitieron descubrir el complot e identificar a los potenciales terroristas. Ninguna instancia judicial occidental aceptaría el tipo de prueba que aportaron los servicios de inteligencia pakistaníes, tristemente célebres por recurrir a la tortura para obtener «confesiones». Las «pruebas» que aportó la dictadura pakistaní se basan en un supuesto encuentro entre un pariente de uno de los «sospechosos» y un agente de Al Qaeda en la frontera afgana.

Según la policía pakistaní, este agente de Al Qaeda habría entregado a ese pariente –y, «por consiguiente», al acusado...– la información necesaria para fabricar la bomba así como ciertas instrucciones. La información sobre la confección de artefactos explosivos no tiene por qué venir del otro lado del mundo y muchísimo menos debe ir alguien a buscarlas hasta una frontera que se encuentra bajo vigilancia militar de fuerzas armadas a las órdenes de Estados Unidos por un lado y del ejército pakistaní por el otro. Además, resulta extremadamente dudoso que agentes de Al Qaeda en las montañas afganas tengan una idea detallada de las medidas específicas de seguridad de las compañías aéreas británicas ni del funcionamiento de estas en Londres. A falta de pruebas palpables, los servicios secretos pakistaníes y sus equivalentes británicos utilizaron todos los resortes de la maquinaria propagandística hablando de encuentros clandestinos con Al Qaeda, intercambios de informaciones sobre la fabricación de bombas en la frontera pakistano-afgana, británicos de origen pakistaní que tienen amigos islamistas, vínculos terroristas y familiares en Gran Bretaña.[...]

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