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Lazos Rotos

De la tecnología y el desarrollo, a la relación dialéctica entre el culo y la pestaña.

“Hay dos clases de hombres:
quienes hacen la historia y quienes la padecen."
Camilo José Cela

No sé si lo has visto, es el móvil ese nuevo con el que incluso puedes tener teleconferencias en directo viendo el rostro del otro en vivo, en tiempo real, como ni siquiera pudieron soñar los más avezados futurólogos al estilo de Huxley, Orwell y McLuhan. Ya están en el mercado, son la última generación y de seguro para muchos ya se está volviendo una especie de necesidad fatal, como nos tiene acostumbrados la publicidad: es que si no lo tenemos no somos nada.

Ahora, si quieres, con un sencillo manosear de teclas puedes establecer contacto inmediato y presencia efectiva a través de una red invisible que nos ha vuelto más universales y omnipresentes que Dios.

Se trata, en efecto, de un fenómeno tecnológico que avanza con una celeridad aplastante. La cara del vértigo que nos lleva a saber que atravesamos el siglo del desarrollo más avasallante de la historia. Pero, sin saberlo, no vemos sino la punta del iceberg de un proceso que en sus fauces resulta aterrador y cuyas consecuencias por lo general no imaginamos. Por eso hay que dudar, de todo y de todos como Santo Tomás, porque la vida da muchas vueltas y el tópico “The American Way of Life” está muy lejos de ser tan acogedor como nos lo pintan Hollywood y toda la maquinaria publicitaria de los grandes monopolios mediáticos que nos seducen a diario con el bello rostro de la top model de turno.

Siempre se analiza cómo están cambiando nuestras vidas las nuevas tecnologías, pero en ningún momento se cita cómo su producción cambia la vida de otros lugares de la Tierra.

Me explico: para la fabricación de los teléfonos móviles son imprescindibles elementos como el niobio y el tantalio, que únicamente se obtienen de un mineral poco abundante que se llama columbita-tantalita (coltan). La gran demanda ligada al boom de la telefonía móvil ha producido una reacción en cadena en la que el comercio ilegal de coltan está retroalimentando la llamada I Guerra Mundial Africana, con epicentro en la República Democrática del Congo, situación reconocida en diferentes informes de las Naciones Unidas.

Su explotación, transporte y venta están controlados por gobernantes corruptos y militares de alto rango en connivencia con conocidas compañías multinacionales, todo ello sin la intervención de organismos internacionales. Algunos autores hablan de un nuevo colonialismo que desde 1997 ha provocado unos 4,5 millones de muertos, 2 millones de desplazados internos y más de 500 mil refugiados, además de situaciones de semiesclavitud, explotación infantil y deterioro del medio donde habitan los gorilas de las tierras bajas.

¿Y eso alguna vez sale en TV, aparece en la prensa, nos lo comenta algún amigo? ¿Tan fácil se nos hace gozar de los avances tecnológicos a costa de la miseria y la muerte? ¿O es qué como son ellos, esos negros perdidos en el mapa, inmersos en la incivilización, no nos debe importar su tragedia?

Pero la vida sigue, los avances avanzan y Bush sigue siendo el presidente del mundo con el voto de un poco más de 100 millones de personas, para un planeta que ya supera los 6 mil millones de supervivientes.

Ahora ¿me van a decir que no fruncimos el culo cuando nos arrancamos de cuajo una pestaña?

Artículo de opinión de Marlon Zambrano Colaborador de Lazos Rotos"

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