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Lazos Rotos

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación: ¿Del clic al conocimiento?

El recurso tópico suele señalar que el mundo está accediendo a una nueva era caracterizada por un compendio de recursos tecnológicos que permitirá cambiar las condiciones del planeta en pocos años. Un proceso caracterizado por el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) con una incidencia vital sobre la economía, la sociedad, los modos de relacionarse, la manera de acceder al conocimiento e incluso las identidades colectivas, volviendo al mundo un nicho más reducido y homogéneo, al uso de la Aldea Global de Mc Luhan.

Para algunos, ese estadio tecnológico y comunicacional representa una gran esperanza de cara al desarrollo y al acceso equilibrado a las oportunidades, y para otros, lo único que hará será afianzar la vieja brecha que separa a pobres y ricos, y serán estos últimos los que ejerzan un dominio absoluto sobre los otros, gracias justamente a detentar la infraestructura tecnológica y por ende sus beneficios.

Pero no hablamos de un fenómeno finisecular. Ciertamente desde el siglo XVI, con la invención de la imprenta, las tecnologías que han dado lugar a la comunicación mediatizada a distancia han jugado un papel esencial a través de la aparición del telégrafo, el teléfono, el cine, la radio, la televisión y la informática. Lo importante, según Dominique Wolton, es comprender las relaciones más o menos contradictorias entre sistema técnico, modelo cultural y proyecto de organización de la comunicación, para establecer sus consecuencias sobre una época.

Para quienes hablan de las TIC como parte de un proceso revolucionario, transformador de la sociedad, es posible establecer un punto de semejanza con la Revolución Industrial, cuya principal diferencia reside en la materia prima de su maquinaria, es decir, pasamos de una eclosión social basada en los usos de la energía, a una sociedad cuyos bienes primordiales han pasado a ser la información y el conocimiento.

Desde luego, esta perspectiva de análisis tiene sus detractores, sobre todo entre quienes amparados en las estadísticas señalan que tal cambio no es tan profundo pues sólo se está produciendo en un sector minoritario del planeta, aunque de rebote toque accidentalmente a algunos de los más de mil cien millones de pobres del mundo. Otros, como Andrew Shapiro, señalan que no podemos estar accediendo a una revolución de las comunicaciones que promete ampliar los márgenes de participación política, cuando no puede asegurarse que la supuesta democratización del acceso nos esté garantizando auténticas esferas de libertad no revertibles por quienes, en la práctica y en la sombra, controlan realmente la Red.

Desde un punto de vista histórico, algunos analistas defienden la tesis de que el desarrollo de las TIC marca un momento crucial y decisivo en la sociedad mundial, pues ha penetrado en todas las áreas de la vida humana, no como agente externo, sino como (muchas veces) motor que genera un flujo activo en las interrelaciones sociales.

Para el sociólogo catalán Manuel Castells, quizás uno de los teóricos que más literatura le ha añadido al tema hasta ahora, este estrépito tecnológico e informacional ha generado una estructura social basada en redes de información propulsadas por tecnologías de la información, llamada por él “Sociedad Red” y catalogada como un nuevo paradigma: “el informacionalismo”.

Para Castells, este marco de situaciones propicia la emancipación de los ciudadanos en torno al establecimiento de nuevas formas de relación e integración, superando los métodos tradicionales de interrelación conocidos.

Con el paso de los años y un sin fin de experiencias, se ha podido evidenciar que las nuevas tecnologías de la información representan una oportunidad singular en el proceso de democratización del conocimiento, pues los usuarios pueden tomar el control de la tecnología, que usan y generan, y producir y distribuir bienes y servicios no sólo materiales sino simbólicos, y allí es donde reside su importancia a la hora de incidir sobre el bienestar de la colectividad, tanto en países ricos como pobres.

Las TIC constituyen el cimiento sobre el que se sustenta el desarrollo de la sociedad de la información, y en consecuencia, el gasto, la inversión y la producción de bienes TIC continúa aumentando tanto en los EE.UU. como en Europa. Además, si se tiene en cuenta el desarrollo de ambas economías en la década de los noventa y la influencia de las TIC sobre su crecimiento, se puede generalizar que los elementos que incorporan mejoran significativamente el desarrollo económico de cualquier país, si bien la cuantificación de su impacto es motivo de controversia entre los expertos.

Los países menos desarrollados, evidentemente enfrentan grandes dificultades para acceder de manera competitiva a estas nuevas tecnologías, dura carrera que se sintetiza en la llamada “brecha tecnológica” y que de alguna manera expresa la perpetuación de una hegemonía que en este momento se refleja en materia informática.

Bien se trate o no de una revolución, la microelectrónica ha sido la causa de una convulsión en la forma de vincular la información, lo que se conoce como convergencia de los estilos de comunicación. Esta convergencia se deriva del hecho de que un medio físico único -hilo de cobre, cable, microondas, fibra óptica, etc.- puede servir de vehículo a servicios que, en el pasado, se suministraban a través de medios diferentes. Recíprocamente, un servicio que era ofrecido en el pasado a través de un medio físico único (radiodifusión, prensa, teléfono) puede ser ahora suministrado por varios medios físicos distintos.

Además, hay una transformación vital impulsada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación: el protagonismo de la gente. Para Joël de Rosnay, en los nudos de la Red se mueven ahora, simultáneamente, actores diversificados, comunicados entre sí y potencialmente creadores: “son las neuronas de un cerebro planetario que se está formando. Ya no son los usuarios de antes, pasivos utilizadores de servicios pensados por otros, sino productores-consumidores de nuevos instrumentos interactivos que decuplican el poder y la eficacia de cada uno de ellos” 1.

En próximos trabajos estaremos ampliando estos conceptos.

Marlon Zambrano Colaborador de Prensa Alternativa (Icod de los Vinos)

1 Rosnay p. 93. En: Ramonet, Ignacio (ed.) 1998. Internet, el mundo que llega. Los nuevos caminos de la comunicación.

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