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Lazos Rotos

El apoyo de la ciudadanía es esencial para rechazar la implantación del gas en Canarias.

Ben Magec

Ecología / Ben Magec-Ecologistas en Acción.- La apuesta que se está haciendo por la introducción del Gas Natural Licuado (en adelante GNL), estimada en 500 millones de euros -83.200 millones de pesetas- es un grave error. A pesar de su altísimo costo, la pequeña demanda de las dos centrales de regasificación propuestas para Gran Canaria y Tenerife, cuyo único beneficiario será Unelco-Endesa, hacen que sólo sea viable estas instalaciones a base de inyectar subvenciones que benefician en exclusiva a esta empresa.

El GNL es un combustible fósil cuyas reservas están asociadas a los yacimientos de petróleo ubicados en países de enorme inestabilidad política. Estos dos combustibles, junto con el carbón, son los responsables del cambio climático, y si bien la quema de GNL en centrales térmicas produce algo menos de CO2 que los fueles que se utilizan en la actualidad, las fugas de CH4 (metano) que se producen en origen (gas de efecto invernadero superior al CO2) y el coste energético añadido que supone su licuefacción y posterior gasificación, antes y después del transporte marítimo, hacen que tenga mayor incidencia en el cambio climático que el fuel.

Es conocida la potencialidad de nuestras Islas en el desarrollo de un modelo energético sostenible basado en la eficiencia, el desarrollo de energías renovables y la acumulación de esta energía en sistemas como el bombeo de agua para la creación de centrales hidroeléctricas o la producción masiva de hidrógeno para el trasporte. En Canarias tenemos tres características que es muy complicado que coexistan: sol, viento y cualificación humana para el desarrollo tecnológico de estos campos. Esta potencialidad crearía empleo, diversificación económica y, lo que es más importante, cada vez mayores niveles de independencia energética, algo que será clave para nuestra supervivencia en las próximas décadas.

La introducción del GNL frenaría este modelo energético sostenible y responde a la cultura del megaproyecto a la que el Gobierno canario nos tiene acostumbrado. Además se utiliza también como justificación de los puertos de Arinaga y Granadilla, una vez desmontados ya los otros argumentos por los que se ha intentado convencer a la ciudadanía sobre la necesidad de estos megapuertos. Todo esto convierte a las infraestructuras asociadas a la apuesta del GNL en un auténtico fraude, ya que además en la actualidad existen tecnologías en alta mar (offshore) para la descarga y gasificación que ni siquiera harían necesarios los puertos y las centrales de regasificación en tierra, tecnología que además es mucho más segura.

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