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Lazos Rotos

Palestina: El lugar de todas las luchas.

Palestina / Canarias Insurgente.- Andrés Piqueras.- Imagínese usted que está en una tierra en la que han vivido generaciones de antepasados suyos durante más de mil años, y de repente los poderosos del mundo deciden, sin consultarle, ni a usted ni a los demás que allí viven, que otra gente se establecerá de modo masivo en la misma. Pero el problema en sí no es ese (todo el mundo debe tener derecho a ir donde quiera). El problema es que enseguida esa nueva gente dice que en realidad esta es “su” tierra, y que los que sobran en ella son ustedes. Su establecimiento en la misma, lo hará por tanto, a costa de los derechos más elementales de quienes ya estaban allí. Incluyendo, como veremos, el derecho a la vida.

A instancias de Gran Bretaña y de Estados Unidos, la Resolución 181 de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, conocida como Plan de Partición, acordó en 1947 la división de Palestina en dos Estados. A finales de los años 40 del siglo XX había unos 590.000 judíos, con sólo el 7% de las tierras, y 1.400.000 árabes, con el 93% restante. Bueno, pues aun así el Plan acordó conceder a los judíos el 56% del territorio, y a los árabes el 43,35% (el 0,65% restante, correspondiente a Jerusalén, se suponía zona internacional).

En el último cuarto del siglo XIX, sólo había en Palestina unos 24.000 judíos (muchos menos que en otros países, especialmente algunos europeos). Hasta los años inmediatamente posteriores a la constitución del Estado de Israel se producen desde entonces tres oleadas de población:

    1/ Entre 1880 y la Primera Guerra Mundial, llegan a Palestina cerca de 60.000 inmigrantes judíos, provenientes principalmente de Europa oriental. Muchos de ellos, sin embargo, no permanecen, debido a los fracasos en la colonización de las tierras, su inadaptación, etc. En 1919 seguía habiendo sólo unos 57.000 judíos en Palestina.

    2/ Entre final de la Primera Guerra Mundial y final de la Segunda (hasta 1948), algo más de 450.000 judíos (sobre todo de los países azotados por las persecuciones nazis).

    3/ Entre la constitución del Estado de Israel (1948) y 1951, un total de 700.000 entradas hicieron duplicar la población judía del nuevo Estado. [Judíos de todo Oriente Medio y del norte de África (especialmente de Etiopía –los falasha-), se suman a los procedentes de Europa oriental].

Esa gente nueva que llega a la tierra donde usted y los suyos viven, se queda, pues, desde el inicio, con buena parte de la misma. Y no solamente eso, también desde el principio, como hemos dicho, la reivindica como propia pues en ella había adquirido su identidad y se había formado como pueblo. Esto último puede ser verdad, y por lo tanto podría ser negociable el establecimiento de la población judía que allí quisiera ir. Pero por si acaso, los precursores de la colonización judía de Palestina esgrimen un argumento más “contundente”: que son el pueblo elegido, y esa la tierra que le es otorgada por Yahvé (¿va comprendiendo la coartada demente del asunto, que como tantas otras se disfraza de religión –en este caso, judaísmo- y se ampara en la construcción de una ideología política ad hoc –el sionismo, por lo que aquí nos concierne-?). Por eso, lejos de intentar establecer negociación alguna, o bases de convivencia mutuamente aceptables con quienes habitaban esa tierra, los sionistas se convierten inmediatamente en una fuerza militar que comienza a arrinconar y a sojuzgar a la población [...]

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