Si nos quedamos en silencio, nos transformamos en cómplices de su desidia...

El político de nuestros días, a diferencia de lo que debe ser un buen político, se caracteriza por no arriesgar nunca y apoyar siempre las causas previamente ganadas y que reportan pingües beneficios, es decir defendiendo siempre los intereses de los poderosos y de aquellos que controlan el poder político, económico y/o mediático. En el fondo, el político de hoy -salvo raras excepciones- es un indocumentado, un advenedizo, un cínico, un irresponsable -o todo a la vez- incapaz de defender los intereses de la mayoría de la ciudadanía.
Lejos de acobardarnos o abatirnos, no debemos escatimar esfuerzos en defender Riquel. Todos a la Manifestación del 21 de agosto. Manifiéstate y participa.
Fuente: Artículo de opinión del colectivo Lazos Rotos
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