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Lazos Rotos

¡Guárdeme otro cachorro que soy coleccionista!

Gofiosfera / Política local / La otra Camy.- A veces me parece que el mundo a mi alrededor está como desquiciado y que ha perdido el rumbo. Pero lo mejor de todo es que luego escucho conversaciones a mi alrededor y compruebo que no soy yo la única que lo nota, y, como dice el refrán, “mal de muchos, consuelo de todos”.

Ayer sin ir más lejos, a las seis en punto de la tarde salgo de casa para ir a un pleno a oír, entre otras lindezas, insultos vulgares y barriobajeros de quien se supone que representa al pueblo (no sé a qué parte de la población puede representar alguien que habla así porque la imaginación no me llega para tanto y tengo a los icodenses por personas respetuosas aunque haya entre sus representantes públicos casos muy lamentables).

Teóricamente tengo hora y media para hacer un recorrido que en condiciones normales se hace en diez minutos y sin apresurarse demasiado. Son 4.4 kilómetros desde casa hasta el Ayuntamiento, contados con el cuentakilómetros de mi coche que ha funcionado hasta ahora con total precisión (porque mi coche no es que sea viejo a pesar de lo arruinado que parece: esa apariencia tiene una explicación bien sencilla que me reservo para otra ocasión). Pues llegué a las siete y diez a la sede de CC que está al lado del Ayuntamiento.

“¿Dónde he perdido una hora y diez minutos? ¿Me habré vuelto loca o mi reloj…?” Pregunto la hora por si mi reloj se ha parado y veo que coincide con la que marca el mío. ¡Una hora y diez minutos de mi escaso y valioso tiempo merodeando por el pueblo en busca de un puto aparcamiento! Porque, como bien dice nuestro amigo Moncho, el “técnico en protocolo”, los icodenses no tenemos “cultura de parking” y por tanto no le voy a dar el gusto a ninguna concesión administrativa por setenta años (que no sé lo que es pero ya me enteraré algún día) de que se quede con mi dinero a cambio de lo que siempre he tenido de forma gratuita. Primero me hago los 4.4 kilómetros andando como hacía antes de meterme en la política.

Pues después de gastarme medio tanque de gasolina en peregrinación tras una cola de potenciales adversarios abducidos en busca del “espíritu santo de los aparcamientos”, una vez que por fin lo encuentro, me pego una pateada impresionante cargada con papeles para el pleno que, de haberlo sabido, me voy en chándal porque con este sistema me ahorro el gimnasio, las pesas y la cinta de caminar. Mientras otras, en cambio, vienen al pleno muy emperifolladas con sus taconcitos y oliendo a perfume porque, como tienen derecho exclusivo de aparcamiento gratuito en la trasera del ayuntamiento,… estaría bueno que no.

¿A quién se le ocurriría la genial idea del bulevar? ¿No será pecado llamar a eso “bulevar” y mentirle al pueblo como bellacos? Hasta donde yo sé (y lo sé desde que lo dimos en quinto de EGB con don Leonardo Cruz en aquel libro de lenguaje de Anaya, allá por el curso 1978-79), “bulevar” es un galicismo procedente del término francés “boulevard” y el DRAE lo define en dos acepciones como “1. m. Calle generalmente ancha y con árboles. 2. m. Paseo central arbolado de una avenida o calle ancha”. ¡¡Y nada más!!

Se supone que tan agradable lugar será aparente para dar un paseo al atardecer, sentarse en un banco a leer o a charlar con un amigo o simplemente a ver pasar los coches en ambos sentidos. En ninguna parte dice “1. m. Subida o pendiente que te deja sin respiración con escaso espacio para pasar coches en ambos sentidos y mucho menos para árboles, si acaso para una plaga de macetones como los que le gustan al concejal de Jardines”. Debe ser ésta una acepción genuinamente icodense de la que no me había percatado.

¿Y ancha? Permítaseme una licencia: “¡¡Jajaja!!” Está tan clara la maniobra... La ha visto todo el mundo, hasta yo que soy miope. Se han suprimido los aparcamientos a ambos lados que había en esa calle, unas cincuenta plazas, para que los icodenses se vieran obligados a dejarse los euros en una concesión administrativa por setenta años.

¿Y el asfaltado y ensanche repentino de la calle Mencey de Ycodem, donde yo solía aparcar? Otra maliciosa maniobra para que los cincuenta coches o más que cabían sin molestar en esa calle, la mayoría pertenecientes a vecinos de la Asomada, trabajadores de los comercios e incluso del propio Ayuntamiento, porque los foráneos éramos los menos, nos vayamos a dejarnos nuestros euros en una concesión administrativa por setenta años.

¿Y la plaga de macetones en cada una de las calles del centro? ¡Tres tantos de lo mismo! El otro día estaba en mi coche mal aparcado sin remedio detrás del juzgado un domingo al atardecer porque Jose estaba comprando comida para llevar en el restaurante chino. Le decía entonces a mi niña mayor: “¿Tú sabes la diferencia entre estorbar y fastidiar?” Y ella, como siempre esperando que cayera alguna payasada o genialidad de las que a veces invento con tal de hacerla reír, me contestó que no. “Estorbar es cuando tú quieres aparcar el coche y hay un macetón ahí que, por no rozarlo, tanto al macetón como al coche, te vas unos metros más allá y aparcas en otro lugar”. “¿Y fastidiar?”, me preguntó. “Pues fastidiar es poner macetones cada dos o tres metros por todos los aparcamientos del pueblo y que encima te sobren unos cuantos y los amontones aquí, detrás del juzgado, como cuando un gato mea para marcar su territorio”. Iris se partió de risa, pero no porque entendiera la dificultad de aparcar en Icod, sino porque dije lo del gato que mea y eso a los niños les suele hacer gracia.

Mientras tanto uno en buscar aparcamiento se gasta tiempo, gasolina, dinero y salud (porque hay que ver los berrinches de algunos con las multas), a cualquier hora del día los concejales del grupo de gobierno, sus respectivas/-os, el personal de confianza y simpatizantes varios de ese partido aparcan en la trasera del ayuntamiento junto a (y hasta “con”) vehículos oficiales.

No quiero decir con esto que estoy envidiosa, ni mucho menos, Dios me libre, aunque reconozco que no es justo, porque anoche, al salir del pleno, una trabajadora del Ayuntamiento, Raquel, recién llegada a ocupar su plaza de secretaria titular (que no accidental como ha sido casi siempre en varios puestos, porque mira que somos bastante accidentados para algunas cosas), fue a recuperar su coche en el aparcamiento de la calle Emeterio Gutiérrez Albelo, con tan mala suerte que, siendo las once de la noche éste ya estaba cerrado, y cuando me marché supe que, al parecer, se fue de allí con la intención de buscar un taxi que la llevase para Santa Cruz. ¡Fuerte novatada! Ella como nadie, o por lo menos con mayor derecho que un concejal, y no digo que un simpatizante socialista, debería poder aparcar en la trasera del Ayuntamiento… ¿o es que nos estamos volviendo locos? ¿A cómo le sale un pleno a esta mujer? ¿Se lo pagan o paga ella?

Así que, mi niña, no nos queda más remedio que venir andando o dejarnos los euros en la encerrona de una concesión administrativa por setenta años. ¡Bonita forma de fomentar que la gente venga a Icod a comprar! El planteamiento que hoy por hoy se están haciendo no sólo los icodenses sino sus actuales y potenciales visitantes es que “Si en Alcampo hay aparcamiento gratis y tardo lo mismo y gasto la misma gasolina y me enfado menos en ir hasta allá, pues me voy a Alcampo”. ¿O conocen ustedes a alguien contento con la falta de aparcamiento?

1 de junio de 2006

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